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Marea alta

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Luna sobre una colina de invierno, mientras camino junto a ti bajo una débil llovizna. Luna llena, dos paraguas, abrigos que nos impiden el abrazo. No me gustan las cosas que se amontonan y tu regalo irá al montón de libros sin leer, la dedicatoria guardada en el cajón de la mesita de noche. Tengo que recordar cada vez que me acuesto que no somos nada, dos extraños compartiendo experiencias. Si pudiera describirte como un paisaje serías una playa en invierno con marea alta, en verano abarrotada de huellas humanas que desaparecen según pasan los meses como la marea va bajando. Tú eres esa playa en invierno, nadie quiere internarse en el frío mar, corazón herido, ni los pescadores se atreven a salir del puerto en busca de sustento. Frío, indecisión, movimientos que dan respeto. No te tengo miedo pero no quiero abrasarme en tu agua helada. Mi lugar es el bosque, no el mar. No puedo acompañarte. No soy sirena sino ave diurna en su nido.

Gaia

El miedo, el terror de la noche. Encerrada bajo tierra, latente. Agua fresca de rocío sobre la superficie. Amanece, sale el sol, así día tras día, despacio hasta que llega el momento en que decides salir del encierro y con sorpresa, ves la luz. Color, campos, hay algo de niebla en el horizonte, restos de escarcha color plata. La noche oscura olvidada. La lucha por salir del encierro, perdida en el tiempo, raíces que te mantienen sujeta. Una suave brisa te empuja, te mueves y respiras. No puedes huir del miedo, tus raíces son poderosas y están bien sujetas a la tierra, al salir el sol el miedo se disuelve como el rocío al paso de la mañana, bajo el calor del sol. Alrededor una compilación de colores, reflejo de luz, un pajarillo aparece revoloteando en busca de alimento. Cae la noche de nuevo pero, ya no hay miedo. Seguridad de que el sol invernal arrastrará hasta la última gota de humedad y negrura. 

En confinamiento

Calma, dónde encontrarte. Te busco y ni siquiera en sueños te encuentro. Pesadillas, no descanso. La madrugada llega pronto. Desde temprano, antes que salga el sol hay movimiento en mi cabeza. Mi cuerpo sentado, de pie, inmóvil pero mi mente pensando. Problemas inexistentes, no soy la única, conversaciones entrecortadas, difíciles instrucciones. No entiendo y lo peor es ese sentimiento, sentimiento colectivo, ansiedades que traspasan atmósferas. Da igual, es indiferente, no me puedo excluir, escapar a dónde, a ningún lugar. Mi cabeza no está en ningún sitio, mi mente, mi pensamiento... Inhala paz, exhala amor y qué es el amor, salvo una canción desesperada. No lo sé, no sé nada. No quiero pensar más, sonidos que me atrapan, voces, lo que queda escrito puede ser tergiversado, se puede volver contra ti, contra mí que soy la que escribo. Ahora da igual, da igual la calma, el agua, la sal, el fuego, cuidado no romperte una pierna. Cuidado, alerta, tú callada, no alces la voz, no propagues...

Mujeres

Primogénita de primogénitas, estirpe que termina. Cinco generaciones y un siglo de existencia de la rama del árbol. Un árbol que, perfectamente podría ser un olivo, por la salvedad de que la yema en la que creció la rama no procedía del Antiguo continente, sino de allende los mares. Tuvieron que pasar cinco generaciones para que el poder de Centroamérica se manifestara en ella, la mujer. Cúbrete el vientre con una faja, vientre sagrado. Capacidad de sanación, perdida al llegar a este pueblo castellano con uno de los terratenientes. Por ser la hija de una hechicera, ojos verdes en lugar del oscuro de su pueblo. Esta niña está maldita, pero era la hija de la hechicera, nadie se acercaba mucho a ella, pero sí acudían a su madre en cuanto tenían algún dolor. Ella, la niña, la que vagaba por la selva hablando con los árboles, con los animales, ayudando a su madre a preparar ungüentos y a cuidar de sus hermanos menores. Patrón, en cualquier caso, repetido por todas sus descendientes. D...

Noches de enero

UNO Mes de enero, frío intenso y oscuridad. Las promesas de año nuevo olvidadas. En la calle las sombras parecen estar fantasmas y las criaturas parecen estar acechando, sonríele a Halloween, esto es pavor. Son las siete de la tarde, ella camina la distancia que separa del autobús a su piso, al hogar donde lo único que la espera es su gato y un yogurt en la nevera. No puede comer desde hace días, Gato reclama su pienso así que el domingo acudió a un hipermercado cercano, compró comida animal, café, galletas y sushi preparado para cenar. Era miércoles por la tarde, desde hacía tres días sólo se alimentaba de eso, galletas y café. Desde hace tres días, Gato ha dejado de maullar y se esconde debajo de una manta cada vez que resuenan los pasos de los vecinos del piso de arriba. Ella no recuerda que pasó aquel lunes, oscuridad. El sábado recogió la casa y salió a cenar con amigas, conversación ligera, buen vino, risas… pero ella sonreía mirando como una simple espectadora, abstraída. ...